Todos los que tenemos hijos en edad escolar hemos pensado alguna vez que los deberes, las tareas que traen a casa nuestros niños todos los días, son una especie de cruz, una pesada carga que debemos soportar como un castigo que el sistema educativo, y muy en especial, los profesores, nos mandan a los padres para hacernos la vida difícil.
En muchos casos las peleas son diarias para que los muchachos se sienten a la mesa a hacer las tareas, los deberes. Siempre encuentran excusas: más tarde, quiero ver este programa primero, prefiero comer algo antes, jugar con este nuevo juego… y el tiempo pasa, y nuestra presión arterial sube. Las amenazas se disparan, que pueden ser de todo tipo: no ir a tal sitio el fin de semana, decírselo a papá cuando venga, hablar con los profesores, con los maestros, quitarles el teléfono… cualquier cosa.
¿Son en realidad un castigo?
En ciertos casos, sí. Muchos profesores mandan tareas para casa alegremente sin darse cuenta de que cumplirlas va a llevar más tiempo del que tienen los niños una vez terminadas las clases. Si este es el caso, recomiendo que se hable con el profesor y se le explique, con buenas maneras, que lo cortés no quita lo valiente, que su hijo se ve desbordado con tanto trabajo para casa. Se puede llegar a un arreglo.
Como las tareas de casa deben de ser una especie de refuerzo de lo que se ha hecho en clase, y una manera de consolidar lo aprendido, la idea es buena y tiene sentido y razón de ser.
Las tareas de casa, los deberes, tienen también la meta de inculcar disciplina en los niños, una cualidad que les será muy útil en el futuro. Tienen que concienciarse que hay tareas que tienen que hacer y que son ineludibles, como tantas cosas en la vida. De ahí viene que debemos permitir que el niño maneje y controle su tiempo y el momento cuando él cree que tiene que sentarse a estudiar, a hacer los deberes. Una pequeña charla para explicarles que ya son mayorcitos para saber lo que tienen que hacer y que por lo tanto los padres no le dirán ni recordarán constantemente que tienen que hacer lo que tienen que hacer. Ya deben ser responsables.
Desde luego que no debemos permitir que los hijos hagan tareas, estudien, con la televisión puesta, o escuchando música. Hay un tiempo para todo. O lo uno o lo otro.
La experiencia me ha dictado y enseñado que cada palo debe aguantar su vela: que el niño debe hacer los deberes solito y sin ayuda. Es, claro, mucho más cómodo que el padre o la madre los hagan por ellos, pero eso debilita el carácter y fomenta la dependencia en los demás, algo que es nefasto. Sí es cierto que si el niño no comprende algo, es necesario ayudarle siempre que podamos. Llega un momento en que las matemáticas del colegio, por ejemplo, se nos escapan a los padres. O no sabemos el idioma extranjero que imparten en la escuela. Pero esto es otro cantar.
Los niños van a las escuelas para aprender y adaptarse al mundo cambiante en el que vivimos. Los colegios ni los campamentos de verano no se han creado para aparcar a los niños para que no molesten. No van a clase para traer buenas notas para que los padres estén contentos. Las notas son una pequeña indicación de cómo va el niño con respecto a sus compañeros de colegio. Los niños son personas y hay que tratarlos como tales.
Resumamos:
1. Inculcar responsabilidad en los niños.
2. No fomentarán jamás la dependencia.
3. Dejarán claro y definir el horario para hacer deberes todos los días.
4. No permitirán ningún tipo de distracciones: ni televisión, ni música.
5. Si el niño no comprende la tarea es porque no comprende lo que le imparten en clase.
6. Evitarán encontronazos y disputas sobre las tareas.
7. Si nota que el profesorado castiga a su hijo con muchos deberes, hable e indague.
8. Los deberes no deben de ser nunca imposibles de realizar por el estudiante. Si es así, algo va mal.
Y, como siempre,
disfrute del aprendizaje de su hijo y de su compañía.

