Las mamás, más que los papás, se preocupan mucho por el tema del bilingüismo y de que sus hijos aprendan una segunda lengua o quizá una tercera. El cerebro humano tiene la capacidad de aprender muchos idiomas. El cerebro, como todas las partes del cuerpo humano, necesita estar activo y recibir estímulos constantemente. A más estímulos, más desarrollo y más capacidad cognitiva.
Nuestra memoria es nuestra personalidad y cuando, por desgracia, la perdemos quedamos relegados y condenados a ser simples vegetales. Sabemos que el estudio de un segundo o tercer idioma desarrolla nuestra capacidad memorística al tener que aprender nuevos sonidos, nuevas palabras. No sólo eso, sino que debemos ensamblar esas palabras de acuerdo con un entramado predeterminado y que nos es ajeno por completo: declinaciones, nuevas maneras de hacer plurales, verbos extraños, orden raro de las palabras, maneras desconcertantes de hacer preguntas… En resumen: un reto importante y necesario para nuestro cerebro.
El Dr. Francisco Mora, de la Universidad Complutense de Madrid, ahora visiting professor en la de Illinois, recomienda el estudio de los idiomas para mantenerse alerta en edades avanzadas. Yo soy de la misma opinión y recomiendo esta actividad siempre que puede y me dejan.
Estudiar idiomas en familia
Hoy quiero recomendar algo novedoso: proponer que la familia completa estudie un idioma, todos: mamá, papá, hijos… Supongamos que Pedrito, el niño de la casa de seis años, estudia español en la escuela y sus padres ignoran ese idioma. Propongo que los tres lo estudien y que lo conviertan en un proyecto familiar. Así tenemos un proyecto en común que involucra a todos y que ayudará a la familia a permanecer unida y a afrontar juntos el reto de la lengua. Posiblemente reavivemos, con una variante, la antigua frase: La familia que estudia un idioma unida, permanece unida.
¿Cómo hacerlo?
Horarios: Dos días a la semana, una hora, puede ser más que suficiente, los lunes y los miércoles, o los martes y los jueves. Todos. Se hace un consenso acerca de la hora, que será sagrada. A la clase no se falta. Esto tiene que quedar claro.
Metodología
Con profesor: Podemos contratar a un profesor que nos dé clase y nos indique qué tareas debemos hacer. Puede que el maestro contratado ponga reparos a las edades. Se le explica que la clase es de grupo familiar, o todos o ninguno, porque la idea es que todos tengan ese reto lingüístico.
Sin profesor: Como afortunadamente estamos en la era tecnológica, podemos seguir algún curso que impartan en TV. Si el curso aparece a las siete de la mañana, lo podemos grabar y verlo después. También podemos adquirir un método audiovisual de autoaprendizaje o apuntarnos a un curso en Internet.
Academia: La familia, el padre, la madre y Pedrito, puede asistir a una academia de idiomas. Es cuestión de encontrar alguna que tenga reputación y que acepte este grupo familiar. Puede que este sistema les parezca raro a muchos profesores y academias, pero insistan y expliquen que un conocido de ustedes, el Dr. Delfín Carbonell Basset, trilingüe y autor de 32 libros sobre el tema, lo recomienda vivamente. A los que viven en San Francisco, les recomiendo, para español, Casa Hispana, una academia de gran reputación.
Si la familia ya es bilingüe, puede intentar aprender un tercer idioma, alemán, por ejemplo. Nunca está de más y no ocupa lugar y estimula el cerebro.


